Despeñaperros,,.
Cuando rodamos desde la Capital del Estado rumbo al sur y atravesamos la meseta y pasamos C La Mancha y la propia Mancha quijotesca y vinícola, debemos de cruzar para adentrarnos en la provincia de Jaén y que nos de la bienvenida a Andalucía el desfiladero del río Despeñaperros. Tarea antes ardua e incluso peligrosa, con la civilización y la moderna ingeniería civil se ha simplificado el atravesar el Cañón del Despeñaperros y es un tramo que ahora se sortea con facilidad en menos de 10 minutos.
El mítico, peligroso y mágico
Paso de Despeñaperros ha mantenido su
trayecto actual desde el siglo XVIII hasta hace un par de años, lógicamente la
carretera se desdobló y se construyeron 2 carriles por cada sentido hace un par
de décadas.
He atravesado Despeñaperros más de cien y de doscientas veces en
ambos sentidos, lo crucé con varios vehículos turismos y con algunos
industriales articulados. He tenido averías, he sufrido accidentes
(Afortunadamente sin consecuencias graves) he visto anochecer y amanecer,
llover y granizar, y ha habido días de 43 grados y noches de 10 bajo cero en
estos más de 20 años que llevo cruzando su Cañón.
Recuerdo de niño cuando viajaba con mi familia, la atracción que solo
mencionar el nombre del rio me evocaba, también las historias que he leído y
oído sobre las desapariciones misteriosas en sus túneles o el pavor que daba
ver los esqueletos de los camiones y coches despeñados en las laderas, algunos
han permanecido durante más de 30 años recordándonos el peligro de esta
carretera y su trazado de curvas y fuertes desniveles.
Alejandro Dumas padre (1846): Viaje a Granada
Cuando nos asomamos para mirar por las ventanas de la diligencia
el color especial de los campos, las llanuras van pasando del tono
del ópalo al de un lila violento de aspecto más suave y armonioso.
Es que nos encontramos en el país del azafrán. Esos lagos color
de rosa son en realidad lagos de flores; y esos lagos de flores
constituyen la riqueza de la estepa sirviendo al mismo
tiempo para su ornato y decoración.
Cuando nos asomamos para mirar por las ventanas de la diligencia
el color especial de los campos, las llanuras van pasando del tono
del ópalo al de un lila violento de aspecto más suave y armonioso.
Es que nos encontramos en el país del azafrán. Esos lagos color
de rosa son en realidad lagos de flores; y esos lagos de flores
constituyen la riqueza de la estepa sirviendo al mismo
tiempo para su ornato y decoración.
El límite de Andalucía esta marcado por una columna, llamada la piedra de la Santa Verónica, probablemente porque sobre esta piedra está grabada la cara de Cristo.
En un encuentro entre los carlistas y los cristinos, fue acribillada de balazos la columna, y milagrosamente ninguna de estas balas tocó la cara de Nuestro Señor.
Echamos pie a tierra en Despeñaperros. Nada más suave y más desolado al mismo tiempo, señora, que el camino, que seguíamos.
El antiguo paso de Despeñaperros
Por
todas partes, como os he dicho, se veían mirtos, lentiscos, madroñeras,
esto es, flores, frutos, perfumes. Después, enmedio de este inmenso
oasis, de vez en cuando, una pobre casa abandonada desde las guerras de
1809 y que ve pasar a los viajeros con sus ventanas sin marcos, como
vería un muerto con órbitas sin pupilas. Entonces se aproxima uno con
curiosidad a este esqueleto vacío y silencioso, y se reconoce que a
falta del hombre se ha hecho propiedad de las palomas torcaces y zorros,
huéspedes incompatibles al parecer, pero que se acomodan perfectamente
ya en el sótano, ya en los paredones.
No podré deciros, señora, cuanto tiempo tardamos en atravesar esta admirable cadena de montañas, tan temida en otra época a causa de los ladrones. Lo que únicamente os diré es que llegamos con un excelente apetito a la Carolina, pequeña villa poblada por Carlos III, en la cual debíamos encontrar, según nos aseguraba nuestra Guía de España, el lenguaje, las costumbres y el rígido aseo de Alemania, de donde había traído Carlos III los primeros colonos.
Nosotros no encontramos más que casas de puerta tan baja que al trasponer el umbral de la que se nos señaló como posada, por poco se mata Maquet.
Desgraciadamente, detrás de estas puertas fatales, no hallamos más que algunas jícaras de chocolate que se nos hizo pagar seis veces más de su valor. Alejandro Dumas(Padre)
No podré deciros, señora, cuanto tiempo tardamos en atravesar esta admirable cadena de montañas, tan temida en otra época a causa de los ladrones. Lo que únicamente os diré es que llegamos con un excelente apetito a la Carolina, pequeña villa poblada por Carlos III, en la cual debíamos encontrar, según nos aseguraba nuestra Guía de España, el lenguaje, las costumbres y el rígido aseo de Alemania, de donde había traído Carlos III los primeros colonos.
Nosotros no encontramos más que casas de puerta tan baja que al trasponer el umbral de la que se nos señaló como posada, por poco se mata Maquet.
Desgraciadamente, detrás de estas puertas fatales, no hallamos más que algunas jícaras de chocolate que se nos hizo pagar seis veces más de su valor. Alejandro Dumas(Padre)
Después de ser durante
siempre una auténtica y poética aventura este
recorrido, se ha convertido en un trayecto aburrido y monótono, los túneles y
los viaductos le han robado todo su atractivo y romanticismo que conservaba, el
progreso dirá la mayoría, vaya con el progreso digo yo...
El recorrido desde la Venta de Cárdenas hasta Sta. Helena nunca volverá a ser lo que era, igual que nosotros jamás seremos los que un día fuimos.






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